¿Cómo divulgar el Software Libre sin morir en el intento? (parte 1)

En una muy entretenida reunión a la que asistí ayer, se presentó el debate acerca de cómo nos aproximamos a la difusión del Software Libre, aquí y en el mundo.

Ayer tuve la oportunidad de visitar un grupo de difusión de Software Libre (nombres reservados para preservar privacidad, salvo que me brinden autorización), visita que me generó muchas inquietudes y me ayudó a descubrir varias incertidumbres que no pensé que tenía.

Como educador, como comunicador -como profesional técnico- siento una profunda conexión con el concepto de Software Libre que ya lleva conmigo varios años. El Software Libre excede su condición de elemento técnico, y se convierte en una decisión política, un camino a seguir. En algunos casos, un compromiso.

Queda claro que el Software Libre llegó para quedarse a pesar de las diversas embestidas que está sufriendo en 2019: Microsoft acercándose peligrosamente a Linux, Richard Stallman Renunciando a la FSF e intentando mantenerse frente al proyecto GNU, mientras diversos actores del proyecto han expresado que no puede continuar en su puesto.

Alcances del software libre

El software libre tiene una definición específica, delimitada por las cuatro libertades esenciales:

  • 0. La libertad de ejecutar el programa con cualquier propósito.
  • 1. La libertad de estudiar cómo funciona un programa y modificarlo con el propósito requerido.
  • 2. La libertad de distribuir copias del mismo.
  • 3. La libertad de distribuir copias de la versión modificada.

Estas 4 sencillas reglas han permitido que la industria prolifere y se retroalimente de manera continua y exponencial con el paso de los años. Hoy en día, los avances tecnológicos que son punta de flecha están relacionados de alguna manera al software libre: Desde la generación de películas animadas de la mano de Disney o Dreamworks hasta las criptomonedas, pasando por los mecanismos internos de nuestros celulares con Android o las tecnologías que permiten coordinar cientos o miles de servidores web. Es evidente que el software libre se convierte en un actor financiero e industrial, además de social y político. Sin embargo, no se le da la importancia que merece.

Pensar en el software libre como tal implica un problema de raíz: Estamos hablando de software. Un tecnicismo. Una tontería técnica. Algo que sólo entienden nerds o estudiosos. Algo ajeno.

El patito feo

En el idioma Español, software es un anglicismo que no supo ganarse una traducción correcta.

Software y hardware son dos términos utilizados en el ámbito informático denotando programas -órdenes que se ejecutan de manera ordenada y cumplen tareas- y partes físicas de una computadora, respectivamente. El elemento común entre ambos términos es el sufijo -ware: “Bienes manufacturados o para venta” [1]. Devenido de bienes metálicos pequeños, con su origen cercano al siglo 15 [2], Hardware adquiere su connotación informática como partes físicas de una computadora en 1947.

Sin embargo, con software ocurre algo distinto: Desde mediados del siglo XIX, se atribuye el término software a las “telas de lana o algodón”, o “bienes de consumo relativamente perecederos” [3]. Intentando deducir, se puede entender a “software” como “bienes deconsumo blandos” (o suaves; por soft, en inglés). Definitivamente, no resulta descriptivo para el concepto actual de software.

Cuando este incordio llega al idioma Español, se acepta el anglicismo como está ya que no se encuentran equivalencias en el idioma. El resultado:

Software (¿Qué?). Programas(¿De televisión?). Código (¿Secreto?).

Esto nos deja con un caos conceptual y una madeja de prejuicios sobre un elemento que define cómo se mueve la industria. Durante la reunión, en algún momento pienso en voz alta: -Es normal ver que alguien se suba a un auto y no repare en leyes de termodinámica, fatiga de metales, química de combustibles o leyes de Newton. La persona que se sube a un vehículo, lo maneja y listo.

¿Por qué no podemos lograr eso con el software libre?

Continuará.